¡Ganamos! ¡Ganamos!
Goodbye, Mr. Martin,
Hola, Señor Harper
Por: Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, Universidad de York
Toronto – Por favor, el último liberal en abandonar Ottawa que tenga la amabilidad de apagar las luces. Ya gastaron suficiente energía. Después de 13 años de despilfarrar recursos es lo menos que deberían hacer. Ojalá que no se olviden de remover las calcomanías del avión oficial del ex Primer Ministro Paul Martin. Necesita una fresca mano de pintura.
En orden de importancia, no hagan más promesas ni citas gubernamentales a partir del martes. Esto se acabó. Si les queda alguna platita de sobra, pues aprovechen la última oportunidad de disfrutar del desempleo. No porque lo merezcan. Sino porque ya no disponen de oficina, de asistentes o de viáticos. Así pues que a empacar trajes de baño y llevarse a la pareja e hijos al más remoto rincón tropical del Hemisferio. Escaparán simultáneamente del frío y del humillante dolor de la derrota. Por abusivos.
Una vez que tengan tres o cuatro daiquiris entre pecho y espalda es permitido que se suelten a berrear hasta más no poder y donde solamente sus parientes cercanos oigan el inconsolable lloriqueo. No hay vuelta atrás. Se les derrumbó el bacanal liberal. No se molesten en enviarnos tarjetas postales. Los votantes no los queremos ver ni en pintura.
Ya sin puestos docenas de liberales se darán a la tarea de rellenar currículos lo mejor que puedan. ¡Ni hablar! Por primera vez en más de una década sabrán los que es ganarse el pan de cada de día trabajando como cualquier desgraciado. Otros experimentarán la incomodidad de aprender el nuevo título de Martin. Líder de la oposición. Difícil reto después de dormir la mona por tanto tiempo en los cómodos escaños parlamentarios. Pero así es la vida. No perdona.
Es más. En la tradición establecida por la corona inglesa los pocos liberales reelegidos deberán acostumbrarse rápidamente a llamar Honorable y doblarse en reverencia ante el nuevo Primer Ministro Stephen Harper. Nada fácil. Antes le mentaban la madre. Ahora le hacen genuflexión. Gajes del oficio en la segunda profesión más antigua del mundo.
Su Excelencia Harper luce como el ratón que de un bocado se tragó al gato. Su sonrisa y su actitud sin embargo se asemejan más bien al gato de Chechire del cuento de hadas Alicia en el país de las mil maravillas. Sonríe de oreja a oreja. Como el cuarto menguante de la luna disfrutando perversamente de la menguante fortuna de los liberales.
En el cuento de hadas Alicia se pierde en el país de las maravillas. Encontrándose en un cruce de caminos con el gato de Chechire, Alicia le pregunta qué camino debe seguir. El gato le responde “¿hacia dónde quieres ir?” Alicia le contesta que realmente no importa. A lo que el sensato gato le aconseja “Si no sabes adónde quieres ir, no importa qué camino tomas para llegar.” Ambos permanecen perplejos.
Vale la metáfora para Canadá y Harper. No sabemos adónde vamos. El nuevo líder, sin experiencia de gobernante, tampoco tiene la menor idea adónde nos llevará. Aprenderá en el puesto. Tremendo salario y viáticos. Confirma en la práctica el sueño de los ilusionados que creemos que las calles canadienses están pavimentadas en oro.
Con Harper cuenta el tamaño. De obtener mayoría abrumadora, tendremos su sonrisita conservadora para rato. De lo contrario, vendrá otra elección en un año.
En esta incertidumbre lo único cierto es la disyuntiva de resignarnos a que una alianza política entre Martin y Jack Layton del Nuevo Partido Demócrata precipite otra elección. El problema es que echamos a Martin porque no le teníamos confianza. No votaríamos por él otra vez. Además a su edad ya debería estar vistiendo santos. Es católico. La lógica sugiere que Martin renuncie. Se necesita sangre nueva. Y ahí está el detalle, como decía Cantinflas, el gran cómico y filósofo de bolsillo mexicano. Desafortunadamente Martin no permitió que sobresaliera ninguno de los leones jóvenes del partido.
Layton anda igual que Alicia. Perdido. Lo benefició el río revuelto. Ganancia de pescadores. Pero urgentemente requiere cambiar de personalidad. La pantalla es su enemigo. Proyecta petulancia y paternalismo. Insoportable. A veces, el ángulo de la cámara le juega malas pasadas. De perfil Leyton se transforma en Lenín, el padre del comunismo ruso, cuando era joven. Nada halagador para un social demócrata.
Hasta mejores días nos quedamos con Harper. No todos lo lamentan. El Presidente George W. Bush está feliz. Por fin tendrá amigo en Ottawa. Ambos son intercambiables y Bush da por descontado que Harper incrementará el presupuesto y las filas del ejército y se incorporará al dogma fundamentalista que rechazaron previos mandatarios canadienses. Tenemos razón en sentirnos como Alicia. Ni idea de adónde vamos. Pero creemos que ganamos.